Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón

Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón

 

¿Cómo voy a amar a Dios más que a mi vida? Fue la pregunta que me hacía cuando me decían que tenía que amar a Dios por sobre todas las cosas, que tenía que hacerlo el centro de mi vida.
Simplemente era imposible creer que tenía que amarlo más que mi escuela, trabajo, amigos, familia, esposa, hijos, y más que a mí mismo. Pero descubrí que las personas que me lo dijeron, en verdad lo amaban, estaban apasionadamente enamoradas de Dios.

Llegué a comparar ese amor con el primer amor en la adolescencia. Un amor apasionado, sin reservas, total. Siempre quieres estar con la persona amada, deseas hablar con ella, te preguntas ¿qué estará haciendo? y todo lo que haces aunque no esté presente lo haces para agradar o no desagradar a esa persona.


Así concluí que, tenía que enamorarme de Dios, pero ¿cómo? Pues de la misma manera en como lo hacemos con las personas, abrimos nuestro corazón y conocemos a las personas. Le abrí mi corazón a Dios, me dispuse a conocerlo y sólo les puedo asegurar que Dios es el mejor seductor pues sabe llegar hasta lo más profundo del corazón.

 

Mateo 22:37 Jesús le respondió: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todo tu espíritu.

Yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores

Yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores

Yo no voy a la Iglesia porque no soy hipócrita. Muchas veces he escuchado esta frase, yo mismo la use para no acercarme a DIOS.
La Iglesia es un hospital de almas, hay buenos pacientes que siguen las indicaciones del médico al pie de la letra y habemos malos pacientes, que dejan de el tratamiento a medias y tardamos más en curarnos. Pero siempre iremos al hospital porque sabemos que estamos enfermos y necesitamos curarnos.
Marcos 2:16-17 Los escribas del grupo de los fariseos, al ver que comía con pecadores y publicanos, decían a los discípulos: «¿Por qué come con publicanos y pecadores?». Jesús, que había oído, les dijo: «No son los sanos los que tienen necesidad del médico, sino los enfermos. Yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores».

El aborto – Una conversación entre amigos

El fin de semana me encontraba en casa de un amigo celebrando su cumpleaños, estaba platicando con mis amigos cuando se dio el tema del aborto. Un tema en el que no me podía quedar callado.

La situación se dio de la siguiente manera: Los que están a favor del aborto, los que no abortarían pero respetan la decisión de la mujer de abortar o no. Los que se les notaba que estaban en contra del aborto pero se quedaron callados (supongo que por miedo), los que simplemente no les importaba el tema y yo que fui el único que habló en contra del aborto.

Los argumentos de las personas que apoyan el aborto eran los mismos de siempre:

  • Los padres están muy jóvenes para asumir la responsabilidad y arruinarán su futuro.
  • Los padres no tienen las posibilidades económicas para mantener al hijo.
  • El hijo es fruto de una violación.

Menciono otras que no comentaron pero también son muy comunes:

  • La mujer tiene derecho a decidir sobre su propio cuerpo.
  • El embarazo pone en riesgo la vida de la mamá.
  • El hijo viene con alguna enfermedad o malformación.

Me llamó la atención que lo primero que hicieron mis amigos para desacreditarme fue mencionar literalmente “que yo era religioso” como por el simple hecho de ser un católico que asiste a misa y participa de los sacramentos pierdo la objetividad y se me considera fanático.

No le di importancia a ese argumento, porque no tenía pensado argumentar mencionando la biblia o lo que enseña la Iglesia, sabía que para ellos eso no representa una autoridad en sus vidas.

Mi argumentación se basó en el sentido común y mencioné lo siguiente:

  • En primer lugar no era un tema de religión sino de simple sentido común de reconocer y respetar la dignidad de la vida humana.
  • El bebé no tiene la culpa de los errores de sus padres. Nunca será la solución a los problemas matar a un ser humano inocente que no se puede defender.
  • En el caso de violación el aborto sólo empeora la situación ya que la mujer tendría el trauma de la violación y el trauma de haber abortado a su hijo.
  • Suponiendo que los padres no quisieran al hijo pueden darlo en adopción pero nunca matarlo.
  • No conozco a ninguna madre que se haya arrepentido de tener a su hijo aunque hubiera sido un embarazo no deseado.
  • Caso contrario conozco a mujeres arrepentidas de haber abortado a su hijo y hoy se preguntan: ¿Cómo se vería? ¿Sería niño o niña? ¿A quién se parecería? etc. Además se les parte el corazón cuando ven a los hijos de los padres que vivieron un embarazó no deseado pero decidieron tener a sus hijos.

Tomando en cuenta los peores escenarios que habían comentado les dije lo siguiente:

  • Si permitiéramos que el hijo nazca, y exactamente al nacer lo matamos, ¿sería un asesinato o estaría justificado por la situación tan difícil por la que pasan los padres? Ellos respondieron que sería un asesinato, entonces les cuestioné que según su lógica si matamos a un niño al nacer es un asesinato y ni el peor de los escenarios lo justifica, pero si lo matamos mientras está en el vientre de su madre no es un asesinato y es justificable según su la situación por la que estén pasando los padres.

Al final hubo un silencio incómodo y cambiaron de tema.

¿Por que decidí no quedarme callado? Por las siguientes razones:

  • Hay que reconocer y respetar la dignidad de la vida humana. Por algo hay tanta violencia en México y en otros países. Se ha dejado de respetar la vida humana desde su propia concepción.
  • Para darles valentía y argumentos a aquellos que están en contra del aborto pero no se atreven a hablar.
  • Para que los que están en el error conozcan la verdad, ya que muchas personas ni si quieran se han tomado la molestia de formar un criterio propio, simplemente repiten lo que han escuchado y piensa que eso es lo normal y aceptable.